Todos los años sin excepción, cuando empieza a asomar el calorcillo veraniego, unas ondas que transportan una melodía pegadiza, repetitiva y constante invaden la parte interna de nuestros oídos. Efectivamente se trata de la canción del verano.
Y además el proceso siempre es el mismo. La primera vez que oímos la futura canción del verano decimos: no puede ser! Cada año es peor, es imposible que esto triunfe! Y siempre, siempre, acabamos cantándola y bailándola a pleno pulmón borrachos perdidos en cualquier bar.
Ciertamente, las canciones del verano son realmente malas. Pero malas, malas. Ritmos y sonidos pegadizos, que aunque odiemos no podamos sacar de nuestras cabezas, una letra insulsa, pero fácil y sencilla, y en definitiva, un aroma a vacaciones, alcohol, humo, fiesta y playa.
Si en 2000 fue la bomba de king áfrica, en 2001 aquel yo quiero bailar de sonia y selena, en 2002 el ave maría de bisbal, 2003 el hasiendo el amor de dinio, 2004 fue aventura y su obsesión, y el año pasado, 2005, fue coti y su séquito con aquel nada de esto fue un error... este año parece que el koala y su opá yo viacé un corral tiene todas las papeletas.
Y claro, la primera vez que la escuché dije: no puede ser, este año sí que es realmente mala... rock rústico, es lo que me faltaba por ver... pero el sábado pasado la bailé y la canté a pleno pulmón, y dije, pues no está tan mal. Eso sí, tras el décimo cubata de la noche.
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